Cuando caminamos por el Cerro San Francisco de Curimón, muchas veces lo primero que vemos son los árboles, los senderos o el paisaje del valle. Pero bajo nuestros pies, entre flores, rocas y troncos, existe un mundo pequeño y silencioso que sostiene la vida del cerro conformado por los insectos y otros artrópodos.
El cerro, caracterizado por ser un cerro isla que permite una vista del paisaje del Valle del Aconcagua en 360º, alberga una riqueza biológica significativa a escala de paisaje, con cientos de especies en sus 20 hectáreas totales, muchas de las cuales son endémicas, nativas y de importancia ecológica.
Durante la temporada de primavera del 2025 realizamos un nuevo monitoreo de entomofauna en el parque, con el objetivo de conocer qué especies de insectos y artrópodos están habitando las parcelas experimentales de regeneración ecológica instaladas desde 2023.
El Cerro San Francisco de Curimón es un cerro isla: una porción de tierra que sobresale del plano del valle y que está rodeado por áreas intervenidas por los seres humanos, en este caso, monocultivos agrícolas y zonas urbanas. Esta condición lo convierte en un refugio clave para la biodiversidad local.
El monitoreo se realizó en seis parcelas experimentales de 10 x 10 metros, ubicadas en la ladera Este del cerro, donde se han aplicado distintas técnicas de regeneración ecológica.
Los insectos y otros artrópodos cumplen funciones esenciales: polinizan flores, controlan plagas de forma natural, descomponen materia orgánica y sostienen la cadena alimenticia de aves, reptiles y otros animales.
Además son excelentes indicadores de la salud de un ecosistema. Cuando hay diversidad de insectos, especialmente especies nativas, es una señal evidente de que el entorno está funcionando bien.
El estudio combinó dos metodologías simples pero muy efectivas:
Este enfoque permitió observar cuáles son las especies están presentes, cómo se mueven, interactúan y utilizan el espacio.
En solo 0,06 hectáreas -600m2 – muestreadas, se registraron:
– 53 especies de artrópodos
– 10 órdenes, 35 familias y 46 géneros
– Más del 86% de las especies son nativas
– 6 especies endémicas de Chile
– Presencia de las cinco familias de abejas nativas del país
Los polinizadores fue el grupo fueron el grupo más abundante, seguidos por depredadores naturales como chinitas y arañas, lo que indica un ecosistema funcional y equilibrado.
El cerro alberga todas las familias de abejas nativas de Chile (Apidae, Andrenidae, Halictidae, Colletidae y Megachilidae), lo que confirma que ofrece tanto recursos florales como espacios de nidificación, algo cada vez más escaso en paisajes con presión urbana y agricultura intensiva.
Al comparar las parcelas, se observó que a mayor complejidad de las técnicas de regeneración, mayor diversidad de insectos.
La parcela que integró todas las acciones regenerativas fue la que presentó la mayor riqueza de especies y funciones ecológicas. Allí, incluso los descomponedores como las cochinillas, jugaron un rol clave de evidenciar un suelo más activo, con mayor materia orgánica y ciclos naturales en funcionamiento.
Los resultados confirman que el Cerro San Francisco de Curimón funciona como un reservorio estratégico de biodiversidad nativa, un laboratorio natural y un patrimonio ecológico irremplazable para el valle.